En resumen: Puntos clave
- Brecha crítica en Colombia: El 90% de los líderes de seguridad confía en recuperarse, pero solo el 28% de las empresas vulneradas por ransomware logró restaurar el 100% de su información.
- Cambio de paradigma: La continuidad exige abandonar la simple verificación pasiva de backups para auditar tiempos reales (RTO/RPO) y recuperación limpia sin reintroducir el malware.
- Estrategia 3-2-1-1-0 y Zero Trust: Mantener tres copias en dos soportes distintos, una offsite, una inmutable o aislada (air-gapped), y cero errores con validaciones automatizadas.
- Oportunidad para integradores y MSPs: Migrar de la reventa transaccional de licencias a servicios administrados de backup (BaaS) y disaster recovery (DRaaS) con acuerdos de nivel de servicio (SLA).
- Desafío de la Inteligencia Artificial: El 88% de las compañías utiliza agentes de IA, pero el 43% reconoce que la velocidad de adopción sobrepasa sus capacidades de gobierno y defensa de datos.
Durante décadas, las organizaciones se enfocaron en el perímetro defensivo bajo la premisa de que un firewall o un antivirus bastaban. No obstante, la sofisticación del cibercrimen ha demostrado que la premisa actual no es discutir si una infraestructura será vulnerada, sino cuándo ocurrirá y con qué velocidad se restablecerán las funciones vitales.
Esta brecha se evidencia en Colombia. Según el Data Trust and Resilience Report 2026, el 90% de los líderes de ciberseguridad confía en restablecer sus operaciones tras un ataque. Sin embargo, apenas el 28% de las empresas afectadas por ransomware restauró la totalidad de su información, con una tasa promedio de recuperación del 72%, dejando irrecuperable casi un tercio de sus datos. La tradicional política de backups se queda corta.
Al analizar este desfase, Dmitri Zaroubine, Director de Ingeniería de Sistemas de Veeam para Latinoamérica, sostiene que la madurez tecnológica exige sustituir suposiciones teóricas por capacidades operativas demostrables: “Ser una organización ciberresiliente significa asumir que, pese a todas las inversiones en prevención y detección, existe la posibilidad de que un atacante consiga vulnerar las defensas. Por eso, la estrategia no puede limitarse a intentar evitar el incidente: también debe garantizar que la empresa pueda contenerlo, proteger sus datos críticos y recuperar rápidamente sus operaciones”.
¿Por qué ciberseguridad y protección de datos ya no pueden gestionarse por separado?
La ciberseguridad, la protección de datos y la continuidad solían administrarse por separado, pero un ataque de ransomware demuestra su interconexión. “El principal cambio consiste en dejar de medir únicamente cuántos ataques fueron bloqueados o cuántas tareas de backup terminaron correctamente: debemos medir cuánto tiempo tardamos en recuperar, qué porcentaje de la información puede restaurarse, si los datos están libres de malware y si la empresa puede volver a operar sin reintroducir la amenaza. La resiliencia no es una declaración de confianza: es una capacidad que debe probarse regularmente”, explica Zaroubine.
En las organizaciones locales, las prioridades convergen pero persisten fallas de gobernanza. Javier Castrillón, Gerente Regional de Ventas de Veeam para Colombia, explica por qué tener respaldo no garantiza la continuidad: “Las empresas colombianas están entendiendo que la ciberseguridad y la continuidad del negocio ya no pueden abordarse como iniciativas separadas. Hoy, sus principales prioridades son proteger los datos críticos, reducir el tiempo de interrupción, asegurar la recuperación frente al ransomware y mantener visibilidad y control sobre entornos cada vez más distribuidos. Sin embargo, entre las brechas más frecuentes observamos la falta de pruebas periódicas de recuperación, objetivos de tiempo y punto de recuperación —RTO y RPO— que no reflejan las necesidades reales del negocio, copias que no están debidamente aisladas y una coordinación insuficiente entre las áreas de TI, seguridad, riesgos y la dirección general”.

«Muchas organizaciones ni siquiera conocen con precisión qué datos poseen, dónde se encuentran o cuáles deben recuperarse primero. Por eso, la prioridad debe evolucionar desde simplemente ‘tener respaldo’ hacia demostrar que la organización puede restaurar datos limpios y confiables dentro de los tiempos que exige la operación».
Javier Castrillón, Gerente de Ventas de Veeam para Colombia.
Estrategia de protección: arquitectura 3-2-1-1-0 y preparación medible
Los métodos convencionales de respaldo ya no son suficientes. Las amenazas actuales buscan localizar consolas de administración, eliminar instantáneas (snapshots) y corromper repositorios de backup. Si el repositorio secundario carece de inmutabilidad o comparte el mismo dominio administrativo, el atacante neutraliza la defensa corporativa.
Ante ello, se propone la regla 3-2-1-1-0 con Zero Trust Data Resilience: mantener tres copias de datos en dos medios distintos, una fuera del sitio (offsite), una aislada (air-gapped) o inmutable (WORM), y cero errores con verificaciones automáticas.
“La organización necesita un proceso de recuperación limpia: antes de devolver los sistemas a producción, debe identificar el alcance del ataque, seleccionar un punto de restauración anterior a la intrusión y comprobar exhaustivamente que no contiene malware ni mecanismos de persistencia latentes. Una recuperación confiable debe ser segura, orquestada, medible y repetible; de lo contrario, el backup solo ofrece una falsa sensación de protección”, agrega Zaroubine.
Asimismo, la ciberresiliencia requiere integración con la dirección corporativa. Según Castrillón, la gestión del riesgo cibernético debe incluir a operaciones, finanzas, legal y recursos humanos para definir el impacto económico de la inactividad:
“La ciberresiliencia debe formar parte de la gestión integral del riesgo empresarial y contar con respaldo de la alta dirección. El punto de partida consiste en identificar los procesos críticos del negocio, establecer cuánto tiempo pueden permanecer interrumpidos y determinar qué aplicaciones, identidades y datos son indispensables para restablecerlos”.

«Una política de backup es indispensable, pero solo representa el punto de partida. Las copias de seguridad deben estar protegidas frente a los atacantes con controles de acceso robustos, autenticación multifactor, cifrado y separación de responsabilidades administrativas».
Dmitri Zaroubine, Director de Ingeniería de Sistemas de Veeam para Latinoamérica.
Para medir la preparación, comenta: “No basta con verificar si las tareas de backup se completaron: es imperativo evaluar el cumplimiento efectivo de los RTO y RPO, el porcentaje real de datos que puede recuperarse, el tiempo medio de restauración y la cobertura de los sistemas críticos mediante simulacros que contemplen la indisponibilidad de credenciales habituales o la pérdida de conectividad. En última instancia, la verdadera medida de la resiliencia no es la percepción de estar preparado, sino la evidencia de que el negocio puede recuperarse de forma limpia, rápida y controlada”.
El rol del canal: ¿cómo evolucionar de revender licencias a garantizar resultados?
Este escenario representa un cambio decisivo para canales, integradores y MSPs. La reventa transaccional de almacenamiento y licencias se ha comoditizado. Hoy las empresas buscan transferir el riesgo operativo a socios capaces de garantizar Acuerdos de Nivel de Servicio (SLA) orientados a la recuperación efectiva. La oportunidad comercial radica en estructurar ofertas de servicios gestionados de backup (BaaS), recuperación ante desastres (DRaaS) y protección para nubes híbridas y SaaS, combinando consultoría, automatización y orquestación técnica.
Al respecto, Castrillón marca la hoja de ruta que los socios comerciales deben transitar para capturar este mercado en expansión: “Los partners tecnológicos, integradores y proveedores de servicios administrados son fundamentales porque muchas organizaciones necesitan combinar tecnología, conocimiento especializado y capacidad operativa continua. Su papel puede abarcar desde una evaluación inicial de madurez hasta el diseño, implementación y operación de servicios de protección, monitoreo, respuesta y recuperación. La oportunidad va mucho más allá de comercializar soluciones de respaldo: existe una demanda creciente por servicios administrados de backup y recuperación, protección frente al ransomware y recuperación ante desastres”.
“Para responder a esta demanda, los partners deben desarrollar capacidades que integren backup, ciberseguridad, nube, automatización y conocimiento del negocio. El mayor valor estará en pasar de un modelo centrado en herramientas a uno basado en resultados verificables: ayudar al cliente a demostrar que puede recuperar sus procesos prioritarios dentro de los tiempos acordados. Los partners que ofrezcan esa capacidad como servicio construirán relaciones mucho más estratégicas y recurrentes”, añade el ejecutivo colombiano.
Esta transición exige certificar equipos en almacenamiento inmutable, entornos de aislamiento (sandboxes) para pruebas forenses y automatización de contingencias. Quienes asesoren proactivamente en auditorías y brechas de RTO/RPO se consolidarán como aliados estratégicos.
Inteligencia Artificial: superficie de ataque ampliada, gobierno del dato y valor defensivo
La integración de Inteligencia Artificial agrega complejidad a la continuidad operativa. Aunque impulsa la productividad, introduce riesgos como conexiones no autorizadas (shadow AI), privilegios excesivos a identidades no humanas e inyección de datos.
El Data & AI Trust Gap Report indica que el 88% de las organizaciones usa o prueba agentes de IA, pero solo el 7% se siente preparada para gestionar sus riesgos. Además, el 95% reconoce que los desafíos en la gestión de datos frenan sus iniciativas de IA y el 43% advierte que la adopción supera sus capacidades de protección.
Zaroubine detalla el impacto que la autonomía algorítmica y el uso intensivo de datos suponen para la ingeniería de recuperación: “La Inteligencia Artificial cambia la escala y la velocidad del riesgo. Los sistemas de IA consumen grandes cantidades de información, conectan datos provenientes de diferentes entornos y, en el caso de los agentes, pueden ejecutar acciones con distintos niveles de autonomía. Esto significa que una identidad no humana comprometida, una configuración incorrecta o un conjunto de datos manipulado puede producir consecuencias operativas con gran rapidez. Si un agente modifica o elimina información, o si los datos utilizados por un modelo son contaminados, la empresa debe ser capaz de determinar cuándo comenzó el problema, limitar su alcance y volver a un estado confiable. Esto exige respaldos inmutables, versionado, conocimiento del linaje de los datos y recuperación precisa a un punto anterior al incidente. Para adoptar IA con confianza, las organizaciones deben garantizar que los datos sean comprendidos, gobernados, protegidos y recuperables. La calidad de una iniciativa de IA dependerá no solo de sus algoritmos, sino de la integridad y la resiliencia de la información que la sustenta”.
Se recomienda aplicar visibilidad y control antes de habilitar proyectos de IA. La clasificación automatizada de datos confidenciales, la supervisión de identidades de máquina y el mínimo privilegio son indispensables para evitar la exfiltración o el envenenamiento de datos.
La IA también ofrece ventajas defensivas: potencia el análisis heurístico, detecta patrones anómalos de cifrado en tiempo real, prioriza alertas y automatiza la orquestación ante incidentes. La misión para el canal radica en cimentar infraestructuras limpias, gobernadas e inmutables para respaldar la innovación digital.








